jueves, 5 de junio de 2014

El Abandono de La Lucha Armada


Para 1988, AVC ya había sido derrotado como organización insurgente. Su fracaso no tenía que ver con los pocos militantes o armas. En estricto sentido, una derrota no se define por la aniquilación de las fuerzas combatientes sino por la incapacidad de éstas para continuar con una acción bélica autónoma y esto le pasó a AVC.

Según el criterio de la investigadora de este trabaja, el AVC, tuvo tantos comandantes, militantes, simpatizantes, muchos de estos se autodenominaron como tales, sin ni siquiera pertenecer al grupo, una vez en manos de sus “auténticos” comandantes y militantes, AVC llevó sus contradicciones al extremo, imaginándose que el simbolismo político era expresión de la existencia de un proyecto político.

La dejación de las armas no emergió como una decisión de toda la militancia alfarista. Aquella comenzó a fraguarse mediante contactos informales entre los futuros miembros del gabinete socialdemócrata y los auténticos alfaristas encarcelados en Quito y Guayaquil. Por ello, éstos debieron recurrir a múltiples artificios para desenvolverse en la incómoda situación. Utilizando la amenaza de reiniciar acciones combativas, los auténticos comandantes intentaron mantener algún nivel de control sobre los militantes clandestinos que todavía perseveraban en sus pretensiones revolucionarias y, también, intentaron negociar soluciones individuales relativamente satisfactorias y rentables con el gobierno de Borja.

En ese contexto, a mediados de 1989, se inscribe aquella frase según la cual “cuando Febres Cordero entregue sus armas, nosotros entregaremos las nuestras”, una declaración francamente falaz si se considera que, según los documentos de la última conferencia nacional clandestina, AVC no disponía de una sola arma en 1987, haya o no tenido AVC las armas entregadas en una ceremonia pública en la Plaza de San Francisco, lo importante fue “el gesto”.

La autora de este trabajo cree que por primera vez en la historia moderna de las organizaciones clandestinas ecuatorianas, la clase política pudo presentar a la desarticulación de un intento subversivo como consecuencia de las supuestas virtudes del convivir republicano en nuestro país, una “isla de paz”. Este tamaño favor le hicieron los auténticos ex guerrilleros a una democracia oligárquica.

A su vez, y al menos por unos cuantos meses, la dejación de las armas les permitió a los caudillos de AVC mantenerse en la escena política nacional protagonizando el momento, por efímero que éste fuese. Por aquel entonces, con la audacia característica de quienes aspiran a convertirse en diputados aprovechando el capital mediático acumulado en el pasado, los auténticos alfaristas prometieron seguir siendo los mismos de siempre porque la ausencia de armas no le quita al movimiento su carácter subversivo.

A tal efecto, en un infructuoso intento por iniciar carreras políticas creando su propio partido, el 1ro. De mayo de 1989 aquellos desfilaron por las calles de Quito cubriéndose los rostros con pañuelos al estilo “subversivo”. También establecieron la “Casa del Militante”.

Con el transcurso de los meses, los auténticos alfaristas desaparecieron de la escena pública. Su innovador movimiento o partido nunca llegó a concretizarse. Ninguno de los históricos personajes logró convertirse en un organizador social destacado, en un líder de opinión o en un político exitoso, hasta que en el actual gobierno, con el Presidente Rafael Correa, y siendo parte de su partido político Alianza País, algunos de los personajes mencionados en este trabajo, han sido parte importante dentro de los ministerios y secretarías de este régimen.

Con  posterioridad  al  acuerdo  alcanzado  con  el  gobierno  socialdemócrata  en  marzo  de 1989, AVC comenzó a hacer política sin transgredir el ordenamiento jurídico vigente con acciones susceptibles de ser tipificadas como subversivas.

Al parecer, los miembros de AVC precisaron que el proceso de dejar las armas lo iban a realizar a través del Parlamento Andino, el 26 de febrero de 1994, mediante un acto público. Este hecho cerró formalmente la historia de una guerrilla inconclusa, acontecimiento que fue precedido por una misa de acción de gracias oficiada por el propio Arzobispo de Quito.

El día de la entrega de armas, los más de 200 ex guerrilleros presentaron unas cajas cerradas cuyo contenido no fue visto ni tampoco contabilizado, exceptuando unas cuantas cajas abiertas a manera de muestra   para   ser   destruidas,   pero   este   acontecimiento   no   se   pudo   efectuar completamente, pues el dispositivo triturador no función correctamente, por ello, las armas fueron entregadas a la Iglesia Ecuatoriana con el propósito de que se fundieran como material para un monumento por la paz.

Patricio Baquerizo, quien fue militante de AVC, aseguró que los miembros del grupo no dejarían las armas porque esta organización no cuentan con ellas, “las armas que van a entregar han sido compradas por el Gobierno, además, afirmó que Pedro Moncada y los demás dirigentes de la agrupación recibieron 5 millones de sucres en el mes de abril de 1990 y 7 millones en el mes de mayo como resultado de una “negociación de dinero en la cual ellos en primera instancia pidieron un millón de dólares para la entrega de armas y posteriormente llegaron al acuerdo de los 200 millones de sucres”, [1] lo cual para Baquerizo conllevó a la división de la agrupación.

Desde que se empezó la investigación de este trabajo, se menciona que el olvido es un recurso de poder. Por eso, cuando admiten la existencia histórica de AVC, la  televisión  y  la  prensa  prefieren  difundir  reportajes  centrados  en  las  vivencias subjetivas de los entonces jóvenes insurgentes, convirtiendo a sus acciones, palabras o pensamientos  en  hechos  con  poca  o  ninguna  relación  con  el  país  que  existía. Sin embargo en la actualidad, la Asamblea Nacional Constituyente, ha sido parte de un momento histórico que como se manifestó con anterioridad, solo la historia juzgará pues, en un Acto memorable, se condecoro a Arturo Jarrín como uno de los personajes históricos notables de este país.



[1]TERÁN, Juan Fernando, Op.Cit., p. 89

Secuestro de Nahím Isaias

Juan Cuvi, Juan Carlos Acosta y guerrilleros colombianos del M-19 planearon y ejecutaron la operación. Ellos siguieron las actividades de Isaías por meses hasta encontrar una debilidad en sus medidas de seguridad. El 7 de agosto de 1985 se realizó el secuestro, cuando Isaías llegaba a su casa de campo, conocida como "Las Alturas".

Esta reseña narra un triste episodio de la vida nacional, el secuestro y asesinato del banquero, diplomático y filántropo ecuatoriano, Nahím Isaías Barquet, el 2 de Septiembre de 1985. La autora de esta investigación cree que el hecho ocurrió en medio de una esfera de extrema violencia que pudo haber llegado a ser una feroz guerra civil en el Ecuador, como sucedió en otros países latinoamericanos. Esta historia nos permite entender la fragilidad de una democracia sumida en contradicciones, reflejo del momento político mundial de los ochenta, determinada por el enfrentamiento de las ideas izquierdistas que se difundían en Latinoamérica desde el “Mayo Francés en 1968” y la defensa a ultranza del neoliberalismo promovida por Estados Unidos durante la guerra fría.

Nahím Isaías Barquet nació en Guayaquil el 4 de mayo de 1931, siendo sus padres Emilio Isaías y María Barquet. Ejerció las funciones de Gerente General de Filanbanco, presidente honorario del Republic National Bank of Miami y presidente de Seguros Rocafuerte. Desempeñó las funciones de cónsul general honorario de la República Dominicana y fue por dos ocasiones decano del Cuerpo Consular de Guayaquil. Fue presidente del Consejo Nacional Scout del Ecuador y presidente del Consejo Interamericano de Escultismo, entre otras funciones.

Fue condecorado con la Orden Nacional Al Mérito en el grado de Caballero por el Gobierno Ecuatoriano, la República Dominicana le confirió la orden Nacional Cristóbal Colón y recibió la orden Vasco Núñez de Balboa de Panamá. Era Caballero de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, perteneció a diversas entidades nacionales y extranjeras.

El secuestro de Nahím Isaías Barquet, prominente banquero guayaquileño, por parte de la organización Alfaro Vive Carajo (AVC) se produjo el día 7 de agosto de 1985. La acción estuvo a cargo de un grupo conformado por miembros del Movimiento 19 de Abril (M-19) y Alfaro Vive Carajo (AVC), respondiendo a una integración de acciones de lucha subversiva en Centroamérica y América del Sur, y con el objetivo de fortalecer las acciones de AVC.

Con el fin de obtener dinero para financiar la guerrilla rural en Esmeraldas, AVC tomó la decisión de realizar un secuestro grande, que llevó a Juan Cuvi, Juan Carlos Acosta, entre otros militantes de AVC y guerrilleros del M19 un año hasta concretar el rapto del banquero Nahím Isaías, quien en aquella época era el segundo hombres más rico del país, después de Luis Noboa. Se escogió al empresario de origen libanés debido a que para AVC este representaba a un grupo oligárquico del país.

Además de ser un banquero millonario, Isaías fue una persona muy allegada el Gobierno de León Febres Cordero, pues según comentó Cuvi “él era el poder detrás del trono, de alguna manera él le manejaba a Febres Cordero, él financió la campaña de Febres Cordero y entiendo que tenía compromisos de carácter financiero y tomaba muchas decisiones en materia económica y financiera, no era solamente un tipo de plata sino que era el que estaba en el poder”[1].

Un comando organizado por Juan Cuvi y Juan Carlos Acosta, integrantes de AVC, y Henry Guevara Sánchez, Fernando Carmona, Alfonso Benavides y Germán Sarmiento, miembros del M-19, inició el seguimiento a Isaías desde 1984 para lo cual alquilaron una casa de seguridad en el barrio La Alborada de la ciudad de Guayaquil.

El comando de AVC y del M-19 había previsto el 7 de agosto de 1985 como el día en el que ejecutarían el secuestro de Nahím Isaías. En horas de la noche, en la casa de campo “Las Alturas” ubicada en el kilómetro 8 de la vía Guayaquil-Daule, fue retenido Nahím Isaías junto con tres sujetos no identificados. Enseguida fue trasbordado a un vehículo Trooper de color gris conducido por Juan Carlos Acosta y en el que estaban otras personas armadas. En un principio lo llevaron a Urdesa, a partir de ese momento, Patricio Baquerizo por AVC y Germán Sarmiento por el M-19.
Alfaro Vive Carajo escogió para el secuestro al banquero, en ese tiempo el segundo hombre más rico del país, después de Luis Noboa Naranjo, debido a que:
“Para nosotros (…) el señor Nahím Isaías es representación de un grupo oligárquico acá en el país, nosotros habíamos escogido al señor Nahím Isaías precisamente (…) porque conocíamos y claro, lo ratificamos ahora, la actitud progresista del señor Nahím  Isaías.  Desde  ese  punto  de  vista,  digamos  el  trato inclusive que ha tenido el señor Nahím Isaías, los 25 días que estuvo bajo nuestro poder, es el mejor de los tratos posibles en esas condiciones”[2].
Además de ser un banquero millonario, Isaías fue una persona muy allegada el gobierno de León Febres Cordero, pues según comentó Cuvi: “él era el poder detrás del trono, de alguna manera él le manejada a Febres Cordero, el financió la campaña de Febres Cordero y entiendo que tenía compromisos de carácter financiero y él tomaba muchas decisiones en materia económica y financiera, no era solamente un tipo de plata sino que era el que estaba en el poder”[3].
Después de tomar como rehén a Isaías, los miembros de AVC y del M19 emprendieron la retirada en dos vehículos, en el primero de ellos, un Trooper de color azul, fugaron Juan Carlos Acosta y Alfonso Benavides con Nahím Isaías, quienes tenían que llevarlo a Manta y en el otro auto, un Fiat de color rojo, viajaba Cuvi junto a Fernando Carmona, Henry Guevara, Fabián Medina Simisterra, todos colombianos del M19. Este segundo auto tenía dañado el medidor de gasolina, situación que les obligó por seguridad a llenar
el tanque en la gasolinera de Nobol a la salida de Guayaquil, la policía había montado por la misma vía por la que querían salir un operativo secreto para atrapar a Camargo, violador y asesino de niñas.
Debido a este percance, al rehén lo llevan de un lugar a otro hasta llegar a una casa de La Chala, un barrio residencial de la ciudad de Guayaquil, donde Isaías estuvo confinado 25 días.
La posición inicial del gobierno febrescorderista era que las vidas de los subversivos serían respetadas siempre y cuando entregaran sano y salvo a Nahím Isaías. El hecho tuvo su desenlace cuando el 1 de septiembre, León Febres Cordero ordenó la incursión de fuerzas de elite del Ejército y la Marina a la casa donde estaba retenido el banquero,  acción  por  la  cual  resultaron  muertos  Nahím  Isaías  y  cuatro  de  los guerrilleros, los otros participantes del secuestro fueron detenidos y otros lograron evadirse.  Juan Cuvi aseguró que León Febres Cordero:
“se aprovechó de eso no lo mandó a matar, sino que se aprovechó de la situación para deshacerse de él, estoy cada día más convencido, porque era obvio que existía una tremenda dependencia de Febres Cordero frente a Nahím Isaías, eso era obvio y nosotros lo pudimos detectar en un momento que había una crisis del dólar aquí y fue Nahím Isaías que resolvió la crisis por pedido de Febres Cordero, él de alguna manera le tenía amarrado a Febres Cordero y, según dicen, porque le financió la campaña, lo que hizo Febres Cordero fue esta es mi oportunidad, me libro de estos alfaros y de una vez me libro de Nahím”[4]

Mientras que por su parte, el ex presidente León Febrés Cordero afirmó que:
“la familia Isaías estuvo presente en la habitación del Cuartel Modelo, desde donde yo controlaba la situación, en el momento en que yo decidiera asaltar por sugerencia de los técnicos que lo recomendaron, nunca les escondí nada, a través del teléfono tuvimos ellos y yo la desgracia de oír la balacera que se dio durante el asalto, jamás les escondí  nada,  me  duele  que  haya  muerto,  hice  lo humanamente    posible para    salvarlo,    no    pude desgraciadamente  salvarlo”[5]

En el cautiverio, Nahím Isaías pidió hablar con sus captores. Patricio Baquerizo quien ya estaba a cargo de las operaciones en Guayaquil, dialogó con él y éste le expresó que estaba muy preocupado por el desarrollo del operativo. Nahím Isaías era consciente de que estaban en la ciudad de Guayaquil.

En las conversaciones, Patricio Baquerizo desvinculaba toda relación con AVC, diciendo que el secuestro tenía el solo objetivo del dinero. En ellas, además, según refiere, Nahím Isaías admitió haber aportado 10 millones de dólares a la campaña de León Febres Cordero.

Febres-Cordero reveló que ordenó la incursión armada en vista que los secuestradores habían dado un ultimátum hasta el 2 de septiembre a las 9h30 para asesinar al banquero, si no les entregaban un millón de dólares, un avión para trasladarse a Quito, para asilarse en la embajada Nicaragüense y la libertad de todos los terroristas detenidos.

El gobierno consideró inaceptables estas exigencias, porque sentarían funesto precedente capaz de alterar la paz nacional y optó por la incursión ante la inminencia del ajusticiamiento del banquero.

La orden que recibió para actuar le fue impartida por el general Manuel María Albuja, entonces Comandante General del Ejército. Nahím Isaías Barquet fue rescatado gravemente herido la madrugada del 2 de septiembre de 1985 y llevado a la clínica Guayaquil, donde fue intervenido quirúrgicamente, pero falleció a las 04h40 después que había transcurrido 74 minutos desde el cumplimiento de la operación rescate en La Chala.

Todos sus captores, tres hombres y una mujer, también murieron durante la intervención de las fuerzas del orden que ingresaron a rescatar a Isaías en la villa en donde lo tenían secuestrado. El rescate de Isaías tuvo como preludio cargas explosivas colocadas en las partes laterales del inmueble, seguidas con descargas de metralletas. Según versiones oficiales, se supo que apenas se dio la orden de ingresar a la villa, se escucharon tres disparos, con los que los terroristas mataron a Isaías, para posteriormente lanzar una granada y disparar contra los elementos del grupo de élite del Ejército Nacional que participó en la operación rescate.

Los sucesivos fracasos de esta agrupación a nivel armado sumados a la detención y muerte de varios de sus miembros y cabecillas importantes, entre ellos, Arturo Jarrín, máximo   líder   de   AVC,   desencadenaron   el   resquebrajamiento   de   este   intento revolucionario que terminaría en la dejación de las armas en el año 1991, después de un acuerdo con el Gobierno de Rodrigo Borja.



[1]FRÍAS, Edgar, Op. Cit., p. 48 y 49

[2]Entrevista a Juan Cuvi, ex dirigente de Alfaro Vive Carajo, 11 de junio de 2009
[3]Entrevista realizada a Juan Cuvi, ex militante de Alfaro Vive Carajo, 12 de agosto de 2011
[4]Entrevista realizada a Juan Cuvi, ex militante de Alfaro Vive Carajo, 12 de agosto de 2011.
[5]DÁVALOS, Isabel, Documental“AVC del sueño al caos”

Las Operaciones de AVC

Una vez que se conformó el AVC, para cumplir con sus objetivos debían buscar los mecanismos para financiar a la organización, tomando en cuenta que, según el criterio de la investigadora de este proyecto; para llegar a los objetivos propuestos, consideraron que la lucha armada era el camino correcto, irrumpieron en una serie de acciones que desde su punto de vista servían como un protesta en contra del gobierno de la época y que desde el punto de vista del gobierno eran atentados que quitaban la tranquilad del país, y que también atentaban contra las leyes impuestas desde el estado. En este trabajo se enuncian algunos de las operaciones más sonadas e impactantes que conmocionaron al país:

Las Espadas de Eloy Alfaro y Pedro José Montero, el Busto de Eloy Alfaro


Si bien desde principios de 1983 AVC hizo un número acciones como recuperaciones bancarias y grafitos, la primera operación que recibió la cobertura de los medios de comunicación fue el robo de las espadas de Eloy Alfaro y Pedro José Montero del Museo Municipal de Guayaquil el 11 de agosto de 1983.

En julio de 1983 se da uno de los hechos que marcan el inicio de lo que posteriormente sería llamado: Alfaro Vive Carajo (AVC), cuando Fausto Basantes decidió unirse al grupo liderado por Arturo Jarrín dado que “pensaba que no debían existir grupos, que debía marcharse conjuntamente, unitariamente”.[1]
Producto de este acercamiento, Jarrín y Basantes comandaron la recuperación de busto de Eloy Alfaro del local del Partido Liberal, de lo cual se relata lo siguiente:
el local partidario era custodiado por un guardián y su familia. La esposa del guardián bonachona y conversadora era muy amigable, quienes realizaban la investigación usan una estratagema para sustraerse el busto sin el uso de la  fuerza,  el  día  de  la  recuperación  una  pareja  de compañeras   visita   el   local   y   dicen   que   están promocionando una nueva marca de aceite, exaltando la calidad  del  producto  y  ofreciendo  regalárselo  si  les
permitían   una   demostración.   Así,   mientras   ellos comprobaban  las  virtudes  del  milagroso  aceite,  dos compañeros penetraron y sacaron el busto. Grande fue la sorpresa de los confiados guardianes al comprobar que el busto del general Alfaro había desaparecido”.[2]

“Se hace la recuperación del busto de Alfaro aquí en Quito, pensando en que no se merecía estar el busto en la sede donde se realizaban banquetes y se organizaban grandes actos de corrupción y se retiro de ahí el busto, haciendo ver que a los cien años estábamos rescatando la heredad de Alfaro”[3], este suceso motivó conflictos al interior del FRPEA.

En una reunión informal, miembros del MIR-M plantearon la necesidad de una definición de la línea de trabajo, así como, su desaprobación a hechos que denotaban un aparecimiento público. Tras criticar la injerencia de Arturo Jarrín en la realización de los recientes operativos, el MIR-M abandonó el FRPEA.

Otra de las acciones realizadas en ese momento por la agrupación fue la recuperación de las espadas del General Eloy Alfaro que se exhibían en el Museo Municipal de Guayaquil, para lo cual el lugar que fue sometido a un análisis pormenorizado del número de personas que laboraban, visitantes, seguridad, tránsito externo, alarmas, horas de mayor concurrencia, complementado con un plan interno y externo y, finalmente, la estrategia de la retirada. Previo al rescate de la espada del general Eloy Alfaro, el grupo armado tuvo dos intentos fallidos, el primero,
“lo montamos el 9 de julio de 1983, se cumplían 100 años de la toma de Guayaquil por Alfaro (…), queríamos saludar este hito histórico; la presencia de numerosos niños que junto a sus maestros efectuaban una visita educativa al museo, impidió que se lleve a cabo la acción.
Una semana después, mientras en el museo ofrecían un concierto el prestigioso guitarrista Kobayashi se debió suspender  el  operativo  por  la  presencia  de  numeroso público y personal de seguridad, que podía haber generado enfrentamientos   afectando   a   la   imagen   de   nuestro movimiento. El operativo debía ser totalmente limpio, detalle que cuidaría siempre AVC, usar la violencia como  último recurso”[4].

Después de estos intentos, el 11 de agosto del 1983, antes del cierre del museo, Arturo Jarrín, Jimmy Solórzano, Rubén Ramírez, Jorge Albán, Marco Troya y Pablo Morán ingresaron al primer piso alto y dominando a dos empleadas y al guardia de seguridad, proceden a romper los vidrios de la vitrina donde se exhiban los objetos personales del general Eloy Alfaro, toman las espadas de Alfaro y Montero, las envuelven en una funda roja, y dejan hojas volantes que explicaba la acción cometida, salen del museo, y montan el operativo de retirada.

A raíz de este hecho, los medios de comunicación ecuatorianos hablan de la existencia de un grupo subversivo al que denominaron “¡Alfaro Vive, Carajo!”. A mediados del mismo mes, “Los Chiribogas” se retiraron del FRPEA aduciendo la intromisión de Arturo Jarrín en el trabajo de la regional de Esmeraldas, así como, el ocultamiento de información referente a un viaje de entrenamiento en Libia que venía preparándose.
Primera Rueda de Prensa


El 23 de septiembre, Arturo Jarrín, Mireya Cárdenas, Edgar Frías, Fausto Basantes, ofrecieron una rueda de prensa clandestina en Pululahua, un centro vacacional al norte de Quito, a la que fueron conducidos los periodistas Carlos Vera y Félix Narváez.

Carlos Vera asegura:
“me dijeron tú eres el primero de la lista, no eres e lúnico, si tú no aceptas tenemos un segundo, me acuerdo que estaba Roberto Aspiazu, y le dije: cómo no voy a aceptar, fueron a la redacción de La Hora, donde yo trabajaba, entró un tipo y me dice: yo soy de Alfaro Vive y le dije:  yo soy Jhon Waine, me dice: no, te digo en serio, quieres ver los alfileres de Alfaro, así le llaman ellos a las espadas que habían sido recién sacadas del Museo de Guayaquil y el busto y como no hoy a quererlas ver, todo el mundo quiere ver, me dice: bueno, no digas a nadie, mañana te recogemos frente a tu casa”[5].
Félix Narváez ratifica este hecho: “tiene que ser este momento o nunca, entonces, me puse un poco duro y le dije que tiene que ser mas tarde, no, no, me dice y se abre la chompa, por eso me quedó la imagen de la chompa y me dice es por esto y tenía un arma y tenía una fotografía, le digo: y bueno de que se trata, me dice: déjeme entrar, la cuestión es muy simple, quiero que me acompañe, es una cuestión muy rápida, no le puedo explicar de lo que se trata y por favor acompáñeme”[6] .
La logística del hecho fue muy bien organizada como lo describe el periodista Carlos Vera:
 “armaron como que había una boda en un club por la Mitad del Mundo, me pusieron gafas oscuras y luego vendas, por tanto, no le molestó a nadie que entraran y salieran carros a cada rato con jóvenes (…), la gente creía que era una boda (…) y lo que estaban era dando entrevista, todavía encapuchados ellos en esa época, con el famoso busto que lo tenían ahí y las dos espadas”[7] .

En esta rueda de prensa se entregó un manifiesto al país en el que se señalaba la existencia de una organización político-militar a la que presentaron con el nombre de ¡Alfaro Vive, Carajo!, este hecho marcó el inicio verdadero de lo que fue AVC.

Días después de la rueda de prensa, Arturo Jarrín y otros militantes alfaristas viajaron a recibir entrenamiento militar en Libia, quedando el comando central a cargo de Fausto Basantes y Edgar Frías.
En Esmeraldas en el mes de octubre de 1983, se lleva a cabo una escuela de formación militar, que por ser denunciada por un morador de la localidad, culminó en la detención de 17 alfaristas, entre los cuales, se encontraba Mireya Cárdenas y Fausto Basantes, acusados de tenencia ilegal de armas y asociación ilícita.
 Recuperación Económica: Banco Del Pacífico En La Villaflora
El 4 de junio de 1984, Arturo Jarrín junto a media docena de guerrilleros realizaron un robo al Banco del Pacífico en el barrio La Villaflora de Quito, luego de perpetuado el asalto, Arturo Jarrín, Rubén Ramírez, Jimmy Solórzano, Manuel Cerón, Santiago Rivera y Guido Llamuca, se refugiaron en la casa de Consuelo Benavides, una trabajadora del Ministerio de Industrias y simpatizante de AVC.

La policía los encontró y luego de arrestarlos los torturó, luego de que su hermana, Beatriz Jarrín, fuera arrestada, la policía hizo creer a Jarrín que su padre también había sido arrestado y que su madre estaba siendo buscada.

Jarrín primeramente dio a la policía un nombre falso pero, temiendo que vejaran a su familia, confesó su identidad, su membrecía en AVC y su participación en el robo al Banco del Pacífico, condenándolo de 6 años de prisión, por su parte, Benavides permaneció detenida por meses, acusada de asociación ilícita, saliendo en libertad el 14 de abril de 1985, pero no pudo encontrar empleo por lo que decidió contactar a miembros de AVC, encontrando refugio en una zona rural de la provincia de Esmeraldas.

Agencia de Noticias del Ecuador

El 4 de mayo guerrilleros de AVC ocuparon las oficinas de la Agencia de Noticias del Ecuador (ANE) en Guayaquil para enviar un mensaje en contra de León Febres-Cordero, entonces candidato a la presidencia del Ecuador, y en apoyo al otro candidato quien llegó a la segunda vuelta electoral de 1984, Rodrigo Borja.

 Robo de Juguetes

En diciembre AVC robó juguetes de una fábrica de Quito para luego repartirlos entre los moradores de los barrios pobres de la ciudad. A fines de ese mes Hamet Vásconez, quien había estado en El Salvador, llegó al Ecuador y se unió al Comando Central de AVC, reemplazando a Jarrín, quien era prisionero en el Penal García Moreno de Quito.
   Posesión de León Febres Cordero


El 10 de agosto de 1984, el día en que Febres-Cordero asumió la presidencia del Ecuador, AVC tomó varias estaciones de radio para anunciar su oposición al gobierno entrante. Fue retenido el licenciado Eduardo Zurita, director de radio Nacional del Estado, y se ocupó una radio en la ciudad de Portoviejo, desde donde se difundió un comunicado en donde se  rechazaba  al  nuevo  régimen  y  se  le  advertía  sobre  su  decisión  de  enfrentar militarmente a la oligarquía.

Toma del Diario Hoy
El grupo realizó otro operativo de impacto mediático el 2 de noviembre de 1984, con la toma del diario Hoy, entraron una noche antes del cierre de la edición y obligaron al diario a imprimir un manifiesto que circuló al siguiente día con el diario, según lo explica Pedro Moncada, “el documento que se publica en el Hoy es la reivindicación de la democracia en armas”, para garantizar el reparto, el jefe de impresión fue llevado como rehén hasta que los diarios fueran distribuidos.
Asalto al Rastrillo de la Policía Nacional
El asalto al Rastrillo de la Policía Nacional significó un minucioso y paciente trabajo investigativo, levantando planos del local y paulatinamente descartando horarios por el tráfico vehicular del sector y por la frecuencia con la que llegaban unidades motorizadas de la policía.
Se impone el correcto criterio militar de que la noche ofrece mejores posibilidades  para  la  retirada;  junto  al  Rastrillo  funcionaba  un  departamento  de comunicaciones de la Policía Nacional, el 11 de marzo de 1985, en un operativo realizado conjuntamente con el M19 por contar con una gran experiencia operativa, AVC decide que una parte del comando operativo vayan disfrazados de policías, esto permitió el fácil ingreso y la dominación de la guardia que custodiaba el objetivo, además, se buscó un vehículo similar al utilizado por la Policía Nacional en esa época; en esa fecha, la Selección de Ecuador jugaba un partido de futbol con su similar de Argentina, en un país futbolizado como el nuestro, ni los policías que hacían guardia en el Rastrillo estaban ajenos a este encuentro deportivo.
Esta situación fue aprovechada por el Comando Operativo que penetró y fue dominando uno a uno a los gendarmes hasta llegar al centro de comunicaciones, donde se encontraban congregados viendo el partido de fútbol, el local fue copado totalmente y se logró luego de romper las seguridades de algunas puertas llevar 631 revolverse calibre 38, 40 carabinas de uso privativo de la Policía, la retirada se dio sin ningún contratiempo y las armas fueron guardadas celosamente.
“En uno de esos casos de Ripley, por lo increíble, una vaca destruyó la tapa de un buzón (refugios donde se guardaban las armas), ubicada en una granja en la ciudad de Quito, lo que permitió que la Policía recupera un contingente importante de armas”144. A principios de abril del 85, Hammet Vásconez fue capturado por la Policía y conducido a prisión, luego de las indagaciones por el asalto al Rastrillo.
Plan Fuga
Otra de las acciones memorables de la agrupación fue la ideada por Marco Troya, militante de AVC, quien asumió la responsabilidad del operativo “Plan Fuga”, en donde se pretendió liberar a Arturo Jarrín, Rubén Ramírez y Hammet Vásconez, Manuel Cerón del ex Penal García Moreno, con objeto de ello, miembros de AVC se encargan de encontrar una casa muy cercana al Penal, desde donde se construiría el túnel.
“Una pareja de jóvenes alfaristas van a trasladarse a habitar en su nuevo negocio, una deposito de papas. Son largos meses de arduo trabajo, de riesgos; la posibilidad del derrumbe con el peligro de quedar atrapados y morir fue  permanente.  No  fueron técnicos  en esta clase de trabajo ni ingenieros, peor guerrilleros del M19, quienes diseñaron  la  obra,  como  sostenían  algunas  versiones periodísticas. fueron nuestros albañiles, maestros en este arte, los que realizaron el túnel que condujo la ibertad a nuestros hermanos”[8].
El 28 de abril AVC realizó una sofisticada operación para liberar a Jarrín y Vásconez del Penal García Moreno. Desde un local comercial vecino, los guerrilleros cavaron un túnel de más de 100 metros. Por él escaparon Jarrín, Vásconez y otros dos miembros de AVC. El escape ocurrió un domingo a las 6:30 a.m. mientras los guardias cambiaban de turno y los demás presos se preparaban para desayunar. El túnel desembocó en el patio del Penal García Moreno, donde los miembros de AVC realizaban ejercicios desde un par de semanas atrás. La construcción del túnel fue supervisada por Marco Troya, quien había tenido experiencia como minero.
Desde el comienzo de sus operaciones en 1983 hasta mediados de 1985 AVC no había realizado ninguna acción que atente contra la población civil. Sus acciones eran principalmente acciones de propaganda. El primer secuestro montado por AVC ocurrió en agosto de 1985, cuando guerrilleros secuestraron al banquero Nahim Isaías, de 54 años, dueño de uno de los bancos más poderosos del Ecuador, Filanbanco.

AVC quería secuestrar a Isaías para obtener un cuantioso rescate para entrenar guerrilleros con el M-19 colombiano y formar una guerrilla rural en el Ecuador. Un objetivo secundario era hacer una declaración política, escogiendo como blanco a un obvio representante de la oligarquía bancaria y comercial ecuatoriana. La lógica del secuestro era que las fuerzas de seguridad no se atreverían a poner en riesgo la vida de Isaías, y se negociaría un rescate financiero con su familia.Por ser esta operación quizás la más nombrada dentro de las operaciones realizadas por AVC, se lo detallará más adelante.

Secuestro de Antonio Briz

Kléber Elías Gía Bustamante luego de permanecer en Chile, ante la muerte del presidente Salvador Allende, pasó al Perú, de donde fue expulsado y de regreso en el Ecuador, retomó el liderazgo de su grupo logrando reagrupar a sus antiguos miembros y sumar nuevos elementos que compartían su ideología. Sabedor que la organización había subsistido con los aportes económicos de sus integrantes, decidió ejecutar un primer secuestro, cuya víctima, a través de sus familiares, entregaría como rescate una cantidad de dinero que se repartiría entre los actores del secuestro, para la adquisición de una imprenta destinada a elaborar material revolucionario, y el resto, para instalar un supermercado que provea de víveres baratos a los militantes de la organización.

La planificación del secuestro se realizó durante algunos meses en el domicilio de Gía Bustamante  en la planificación incluyó el aprovisionamiento de varios vehículos, el sitio a donde ocultaría y mantendría en cautiverio al secuestrado hasta la entrega del rescate.

El 28 de noviembre, los secuestradores ubicados en sitios establecidos, con todos los elementos logísticos que disponían, cubrieron las vías de acceso y de escape, puntos de relevo, vehículos de transbordo, realizaron un simulacro.

El 29 de noviembre, los designados para ejecutar la acción llevaron a efecto su plan, privando de la libertad al señor José Antonio Briz López. En forma inesperada, uno de esos días de intensas negociaciones, apareció la Hna. Francisca López Monsalve con un maletín que debía contener el dinero exigido por los secuestradores, quienes cubrían todos los movimientos. Se percataron que la religiosa no tenía el dinero y que su presencia en el sector era la causa de un intenso despliegue policial.

Gía Bustamante consideró fracasado su plan y pidió a Fernando Dávila Ochoa ordenar a Marco Antonio Pavón Palacios asesinar al secuestrado, para cuyo efecto realizaron un sorteo que “favoreció” a Pavón Palacios quien utilizando una pistola disparó en el tórax de Briz López que permanecía drogado y vendado los ojos. Con la misma arma, Jaime Fernando Abril Revelo realizó un segundo y certero disparo que terminó con la vida del secuestrado.

Consumado el secuestro y ejecución de Briz López, los secuestradores y asesinos se disgregaron. En poco tiempo se capturó a varios de los secuestradores en distintos sitios del país.

 Secuestro a Enrique Echeverría

El 20 de mayo de 1986, el Dr. Enrique Echeverría Gavilanes, en las primeras horas de la noche, luego de cumplir sus labores como Vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales, salió de la institución, en su automóvil. El Dr. Echeverría continuaba el recorrido hasta su domicilio ubicado fuera del centro de la parroquia. Faltando un corto trecho para llegar a su domicilio apareció un Trooper blanco que obstaculizó la vía y del que se bajaron tres individuos con uniformes militares. Uno se ubicó en la parte posterior de su vehículo y los otros dos en cada lado del auto.

Apuntándole con las armas que portaban, le dijeron que se quede tranquilo, que no le pasaría nada, que se trataba de un golpe de estado y que estaba detenido. Inmediatamente los dos sujetos se embarcaron en el auto y uno de ellos tomó el volante conduciendo con dirección a Quito por la antigua vía a Guápulo. En el trayecto el auto del Dr. Echeverría sufrió un desperfecto por lo que sin poder arreglarlo decidieron continuar el viaje en el Trooper blanco. Al llegar a Quito dieron varias vueltas para evitar que se percate a qué lugar era llevado, hasta que finalmente llegaron a una casa en Calderón, ubicada en el camino que conduce a Marianitas, un sitio totalmente desolado que no permitía a la víctima orientarse y peor saber la ubicación del lugar escogido para su cautiverio.

Al recordar que en el secuestro y asesinato al señor José Antonio Briz López participaron catorce personas bajo el liderazgo de Kléber Elías Gía Bustamante, miembros de la organización de una ideología política de extrema izquierda, ocultaban su verdadera finalidad, que consistía en obtener recursos económicos. Todos los participantes en el secuestro al Dr. Echeverría se identificaron como miembros de la organización MONTONERAS PATRIA LIBRE. En ella estaban personas que anteriormente formaban el grupo de los GÍAS y otras que militaban en ALFARO VIVE CARAJO, quienes apartándose de esas agrupaciones de extrema izquierda, habían conformado esta nueva y desconocida organización, cuya primera intervención pública fue el asalto que realizaron el 22 de enero de 1986 en el Templo de la Libertad, donde luciendo uniformes militares robaron armas del museo. Los autores del asalto entregaron a diferentes medios de comunicación colectiva, boletines reivindicando este acto delictivo ejecutado por el movimiento Montoneras Patria Libre.

El secuestro del Dr. Enrique Echeverría Gavilanes y mantenerlo bajo estricta vigilancia  El Dr. Echeverría era Vocal Representante del Ejecutivo en el Tribunal de Garantías Constitucionales.

 Secuestro A Periodistas De “La Segunda” Y “Meridiano” Guayaquil

El 24 de mayo de 1985 fueron secuestrados periodistas de “La Segunda” y “Meridiano” de la ciudad de Guayaquil para obligarlos asistir a una rueda de prensa. Las investigaciones señalaron como autores a: Rodolfo Gómez, Fausto Germán Basantes Borja, Édgar Antonio Frías, Alfredo Díaz, César Morán, Tania Barrionuevo García, Roberto Garnica.